Eres café que arde




Cuenta hasta diez, 
escóndete en un sueño
y no salgas para salvarte. 

Hazme adivinar cuantos  
duendes viven en tu pelo 
y pídeme que me abrace a ellos. 

Ten la decencia de querer 
hacerme al menos;
una vez la guerra 
y dos veces las maletas en la puerta. 
Una para cuando te vayas 
y otra para cuando te quedes. 

Voy a pelear contra todos tus gigantes 
hasta hacerlos hormigas y obligarles 
a pasar el invierno bajo tierra. 

Prepárate y viértete en pequeñas dosis de café. 
Te tomaré esta noche, 
en esta cama 
y en este insomnio. 
Pónme nerviosa, 
revuelve todo lo que hay aquí dentro 
pero no saques nada. 
Deja las entrañas en su sitio 
y los posos al fondo. 

Mil veces te lo he dicho,   
eres café que arde.
Siempre te llevo a la boca sin esperar a que enfríes 
y me dejas con fiebre tiritando en los labios.