El guiño de la complicidad






De pronto estás tú que apareces de la nada. 
Y no dices nada, pero tu eco le llega en forma de onda expansiva a mi corazón 
que quiere hacerte proposiciones indecentes.  
Como que levantes el vuelo de faldas que llevo y antes de aterrizar
en colchones ajenos, disfrutes del paisaje.
Pero esto no lo digo yo, lo dice la señorita azafata de vuelo que nos guiña un ojo 
del color de la complicidad. 

Apareces tú y dibujas planos que edifican ciudades con parques para los enamorados 
que se besan en la hierba.  
Apareces tú y entiendo que el amor tiene el aspecto de siempre 
pero con el sabor de nunca.
Apareces tú y no hace falta que aparezca nadie más porque 
solo tengo dos entradas para el estreno de nuestro primer film a color.
Apareces tú y clavas tu bandera conquistando cada uno de los sueños 
que habían sido bombardeados en primera línea de fuego. 

Apareces tú y aparezco yo.
Y brindamos con las copas de los árboles respirando días nuevos en los que
las heridas se cosen desde dentro para que no dejen cicatriz.

De pronto llegas
y no sabes bailar, pero eres música.
De pronto llegas
y no sabes quedarte, pero te quedas.