No te oigo, no te veo, no me escucho


Colaboración con la revista Zoozobra Magazine,
Poema: aquí


 

 
No se entiende nada cuando haces
eso de taparte los oídos, cerrar los ojos
y hablar alto por encima de ti mismo.

No quiero escucharme
porque hablar conmigo
es como no callar contigo.

No quiero escucharme
porque las puertas chirrían
y a las ventanas se les rompen
los cristales con forma
de balón de fútbol.

No quiero escucharme
porque en el vacío que dejaste
también se suspende el tiempo,
y las palabras no dichas.
La desventaja de amarte intermitente
la relleno de café por las mañanas,
que es algo así como amargo
y lo amargo me sabe a ti.

Me balanceo en el columpio oxidado de las
idas y venidas y me expongo a la ida de ti
sin billete de vuelta. 
Le doy mil vueltas.
De volver, de vida y de campana.
Sin arrepentimiento
sin culpa
y sin la antitetánica.

No quiero escucharme a menos que tenga
algo bueno que contarme; 
y si lo hago,
arrojo mi propia opinión
desde la azotea donde solía anochecer una hora
más tarde y al cielo le ardían las mejillas
cuando se sonrojaba al vernos besar.

No sé lo qué hacer conmigo
soy de lo que nunca quise ser
y siempre fui contigo.

De su pelo brotan flores




Cuando se escuchan truenos en sus ojos 
es porque amenazan con tormenta 
y cuando eso ocurre, podría llover durante 
toda una noche entera. 

Dentro de ella habita una bomba de relojería, 
no es que se le crucen los cables, es que todos son rojos 
y en el último segundo no sabrías cual cortar.
 Podría estallar en cualquier momento. 
Podría dinamitarse entera, ser confeti 
y teñir el cielo de colores. 

Sus andares son leyenda y su falda mi bandera. 
Es Abril y Mayo guiñándole un ojo a Marzo. 
Es provocación en estado de ebullición.
Es la vida invitándote al último trago en su casa 
y la última mirada antes de bañarse desnuda en el mar. 

Tiene un culo precioso 
digno de mirarlo y admirarlo
 pero su perfil bueno es el izquierdo, el del corazón. 
 Entre la lluvia de sus ojos y las mariposas de su estómago, 
os aseguro que de su pelo brotan flores. 
Que las comisuras de sus labios las sujetan dos nubes, 
y que si éstas suben hasta el cielo de sus mejillas, 
un pequeño arcoíris nace de su sonrisa. 

Tendríais que verla
es la puta 
primavera

Peces en el cielo, nubes en el mar

















Nos hemos incendiado 
y somos la excusa mala de las penúltimas veces. 
La excusa que vuelve a casa borracha haciendo eses 
y escribe tu nombre en mayúsculas. 
La excusa que dibuja a tus espaldas corazones 
y si va de cara, 
te sostiene un poco la mirada.

Sé de buena tinta de mis versos   
que te escribo demasiado 
y sé también 
que el cielo de Barcelona 
bajaría unos centímetros para 
tocar su mar. 
y no solo tocarlo, 
si no que se bañaría en él   
aunque eso supusiera la pérdida de las nubes. 

Qué más da   
somos azules 
somos nuestra propia realidad abstracta. 

Si te mojas hasta bañarte en mí,
yo puedo evaporarme,
subir al cielo y que me 
devuelvas en forma
de gota de lluvia.
Tú puedes mezclarte conmigo
y hacer de tu cielo un mar de expectativas.
Podemos ponerlo todo patas arriba,
podemos hablar de la vida.

Tócame y dale la vuelta al mundo.
Tócame y en el cielo nadarán peces. 
Tócame y en el mar volarán nubes.


Haciendo zumo de naranja





Fueron un par de veces contadas.
No supe ni tu nombre, 
no hasta después de. 
La cerveza la llevaba en vena 
y debí bailar alguno de tus piropos 
entre el humo de cigarros a medio arder.

Fueron dos o tres puertas empotradas, 
ningún conejo blanco se escapó por alguna de ellas. 
No hubo magia, 
ni cohetes. 
Solo el truco de no volvernos.  
De no volver a vernos.

Eso pasa, y ya has pasado.  
De largo, como el vestido que llevaré 
a la boda de los novios que se dicen que no. 
Iré muy elegante 
para no quedar contigo. 
Para tirarme la copa de vino. 

Se suponía que debías ser dulce  
mientras yo te la pelaba, 
la naranja, digo. 
Pero no. 
Me sabes ácido. 
Y encima me has saltado en el ojo. 
Escueces.



[Mejor]
Porque no te quiero ni ver

Sumando conmigo restando sin ti





Un día más
un día menos
depende de para qué los quiero.
Para verte, eso seguro.
Un día más conmigo
un día menos sin ti
un día.
Y así hasta consumir todas las letras
fumármelas en papel de liar,
de abrazos sin dar,
y desaparecer.
Estoy viviendo así,
intermitente
pausada
un poco inerte.
Los recuerdos se van contigo a la deriva
y los mensajes en botellas
que arrullan tus olas
les está entrando el agua.
Se deshacen y nadie los salva.
Aquel día prometiste calma,
prometiste hacerte a un lado y no estorbar
prometiste no ser ni un día más turista
de mis sueños de hojalata
prometiste silencio.
Claro que prometiste
y ahora yo también prometo; 
Que no cambiaré todo aquello 
que dejaste marchar.
Ni los días huracán
Ni las heridas tequila
Ni el cuerpo iceberg
Ni el aplauso a la locura
Pero claro, todo eso era contigo.
Ahora solo tengo un cuerpo para sobrevivir
y días de mierda niebla
las heridas agua
el cuerpo cubito de hielo
y un aplauso a la cordura.
Todo a lo que le dabas sentido
empequeñece.
Se torna simple y diminuto. 

Prometiste calma, 
pero nunca pensé que 
la soledad con uno mismo 
hiciese tanto ruido.