Tu risa



Hay quien dice que quien tiene un por qué para vivir, 
puede soportar cualquier como
Tú eras mi por qué

Y es que nadie era tan buen pintor y arquitecto de sonrisas como tú. Construías infinitos puentes de arcoíris entre la lluvia de mis pestañas y el sol de tus pupilas, y esa en realidad, era la única forma que teníamos de comernos los cientos de kilómetros que nos separaban y que yo de alguna forma creí que se encogían. 
Tu risa era la cura más buscada contra el cáncer de los días en los que se producía un auténtico apagón. Era el analgésico y el sedante del mal humor. Un maldito ibuprofeno que servía para calmar cualquier mal, menos el de amores… que esos, eran de otros. 
Y yo te juro que había momentos en los que creí que algún día nos íbamos a reír tanto que se nos reventarían todas las costillas y la verdad, no esperaba ni que me doliera. Porque reír es lo que más me gusta del mundo ¿sabes? que llámame ilusa pero creo que es mucho más importante que respirar. Al fin y al cabo respirar es acto reflejo, pero para reír, siempre hace falta un poco de magia. 
Ahora la verdad, tu risa se ha quedado rezagada en algún pensamiento de esos que se pasean por mi cuarto y yo intento tirar de él, como con cuerda, para ver si puedo acercarle y escucharla de nuevo. Pero nada, solo se oye un eco a lo lejos, bastante difuminado, como el paso de todo este tiempo. 
Ni te imaginas lo duro que se me hace haberla tenido a milímetros del cuello, que era donde le gustaba acomodarse a ella, y ya no conseguir  acordarme ni en qué acorde sonaba. La cuerda vocal de tu guitarra rompió y me quedé a media canción… Me pregunto si será a alguna a la que saque a bailar ahora, y con qué música, si te sigues riendo de las mismas cosas y con qué frecuencia. Si se te dibuja de la misma manera y tus ojos estallan de brillo como polvo de estrellas. 

Sea como sea, 
tu risa sigue siendo terapéutica cuando consigo atraparla, 
y cuando eso pasa, 
hace efecto dominó.