Lúname




¿De qué hablo cuándo hablo de ti? De una corbata muy mal puesta a las ocho de la mañana porque tienes prisa. Debe ser ese encanto tuyo, del que me incluyo, el de las cosas mal hechas, el que me vuelve loca hasta la fecha. Así que lo que pasa aquí, es que estoy contigo y contra ti.

Pero basta de versos y dame besos porque confieso, que hay veces, que solo elijo la forma de rendirte, para saber si me puedes, si sabes herirme. Aunque ya lo hiciste una vez, y tú, tan completo desastre como siempre, ni te percataste del destrozo que dejaste ante tus pies. Éramos dos locos sin luces antiniebla en el verano de sus vidas. Porque tú y yo, era lo que teníamos, que vivíamos en verano, lo nuestro nacía y moría siempre en la misma estación. Y éramos gusano y luego seda y por fin alas. Llenabas de magia mis agostos y me dejabas muriendo los septiembres. 

Nunca nos salían las cuentas y siempre conseguíamos sumar más despedidas que reencuentros. No sé, serían con llevadas, porque al final del verano eso era lo que pasaba, que te llevabas todo. Y si es cierto eso de que el roce causa el chispazo, no sé cómo llegamos a encendernos, porque lo único que quemaba era la distancia. 
Y me presentaste a la luna, y me decías a lo poco que te sabía, que lo contrario de vivir era no arriesgarse, y aunque nunca me la prometiste me la regalabas furtiva, cada noche, como si tuviera dueño, como si fuese tuya, y luego nuestra... y ahora, ¿ahora qué hago yo con la luna? Ahora que todo ha acabado, y el frío ha llegado más fuerte que nunca colándose por las mangas de tu camiseta y las grietas de mi corazón, derribando los besos robados que ella miraba de reojo, lo que bailábamos juntos antes de dormir, justo antes de que ella cruzara el cielo. Ella, ella… La luna. 

Y yo te decía una y otra vez; 

bésame
lúname
mátame. 

Yo, que te hubiera hecho un calendario lunar solo para seguirlo las noches de invierno, ésta vez de lunares, impares, en mil lugares... Te juro que lo hubiera hecho. 
Pero ahora, que la luna está a mil jodidas millas de echarte de menos, la vía láctea hecha pedazos y toda la galaxia en un mar de lágrimas fugaces, te lo cuento bajito, que solo las noches que está llena, abro la ventana, y la dejo meterse en mi cama y se acomoda entre mis sábanas, para que duerma conmigo, para que no esté sola. Y para ver si sabe a más, porque siempre decíamos lo mismo al despedirnos: 


Nos vemos por la luna”.